Dice Coelho en su libro Aleph:
"¿Sabes quién se cree capaz de todo? El niño. Confía, no tiene miedo, cree en su propio poder y consigue exactamente lo que quiere.
Pero el niño crece. Empieza a entender que no es tan poderoso, que para sobrevivir depende de los demás. Entonces ama, espera ser retribuido y, a medida que pasa la vida, desea cada vez más ser correspondido. Está dispuesto a sacrificarlo todo, incluso su poder, para recibir a cambio el mismo amor que entrega. Y acabamos donde estamos hoy: adultos que hacen cualquier cosa para ser aceptados y queridos".
Pero de igual modo puedes cansarte de esperar. De dar sin recibir.
"¿Sabes quién se cree capaz de todo? El niño. Confía, no tiene miedo, cree en su propio poder y consigue exactamente lo que quiere.
Pero el niño crece. Empieza a entender que no es tan poderoso, que para sobrevivir depende de los demás. Entonces ama, espera ser retribuido y, a medida que pasa la vida, desea cada vez más ser correspondido. Está dispuesto a sacrificarlo todo, incluso su poder, para recibir a cambio el mismo amor que entrega. Y acabamos donde estamos hoy: adultos que hacen cualquier cosa para ser aceptados y queridos".
Pero de igual modo puedes cansarte de esperar. De dar sin recibir.
Los demás pueden llegar a ser secundarios cuando la correspondencia no llega, se extravía en el camino. Ese camino que hoy en día son unos ciento y pico kilómetros y que mañana pueden ser miles. Y si los "quereres" se disuelven en esos pocos kilómetros, cabe esperar que, si la distancia aumenta, no quedará ni rastro de ellos.
Si bien cuando eres niño y creces temes no tener a alguien a quien querer y que te quiera, cuando eres "grande" e imán de las decepciones prefieres la soledad a un mal querer o un querer a medias.
Si bien cuando eres niño y creces temes no tener a alguien a quien querer y que te quiera, cuando eres "grande" e imán de las decepciones prefieres la soledad a un mal querer o un querer a medias.
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