Todo lo que parezco ser es fruto de desconfianzas y miedos que intento ocultar tras una sonrisa casi perenne y un cariz de pasotismo que nada tienen que ver con la realidad que camuflan.
Por suerte no he tenido grandes problemas que afrontar hasta
el momento, ni muchas experiencias que marquen un punto de inflexión, pero las
pocas que he vivido han servido para crear un ser con un caparazón a prueba de
personas y al que si intentas atacar, esconderá la cabeza.
No doy importancia a cosas que a otros ofenderían y sin embargo me fijo
en los detalles que para los demás podrían pasar desapercibidos. Esta
es la causa de muchos de los chascos, a veces pasajeros, a veces perpetuos.
Soy de ese tipo de personas que pueden ser grandes consejeras
y estar perdidas en lo que se refiere a sí mismas. Es fácil que te aconseje desde
el punto de vista de "lo que no te gusta que te hagan a ti, no se lo hagas
a los demás" o, por contra, dé mi parecer y que este sea opuesto a lo que
yo haría.
Peco de protectora y esto tiene raíz en mi desconfianza. Soy
de las que piensa que los planes no pensados son lo que salen bien, pero hay
aspectos en los que dejé a un lado la improvisación. Y no es que me agrade.
Todo esto viene dado por el desencanto de quienes parecen ser algo y acaban
esfumándose a través de la cortina de humo del tiempo, por ser de las que
espera una respuesta en forma de afecto y se queda con las ganas.
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