Soy como un autómata dirigido por los instintos y sentimientos. Las cosas dan demasiadas vueltas entre suspiro y suspiro: lo que ayer te hacía llorar, hoy forma parte de las experiencias que recuerdas como algo gracioso de la dichosa edad del pavo, para algunos muy larga.
Si hasta hace cuatro días sufrías y padecías por algo que lleva años (si, años) sin una explicación, de repente un día, y sin explicación, lo que te inquieta es una mirada en una noche como otra cualquiera.
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